ESTE ES EL INGREDIENTE CLAVE QUE NECESITAS PARA ALCANZAR LA MEJORA CONTINUA DE TU SISTEMA DE GESTIÓN Y DISFRUTAR DE TODOS SUS BENEFICIOS

Nunca mejorarás si lo haces a ciegas. Para cualquier acción de mejora que queramos emprender en nuestra vida, necesitamos conocer la situación de la que partimos y, en base a ella, definir la estrategia a seguir a fin de alcanzar la mejora deseada y finalmente, poder valorar si los esfuerzos realizados han sido eficaces.

Pongamos por ejemplo que quieres reducir el consumo de tu coche, bajar de peso o incrementar tus ahorros. Es obvio que en primera instancia debes conocer desde que punto partes (el consumo que tienes en ese momento, tu peso actual o la cantidad acumulada en tu cuenta bancaria) e identificar aquellos parámetros sobre los que puedes actuar y que son responsables de la situación de salida (tu modelo de coche, tu forma de conducir, lo que comes y como lo comes, tus gastos inevitables y tus gastos superfluos o prescindibles). Sólo así podrás marcar la meta a la que quieres llegar, las acciones que puedes/debes implementar para llegar a ese objetivo marcado y, unas vez ejecutadas, valorar si éstas han sido tan efectivas como pensabas.

Traslademos ahora esto a la gestión en las empresas y en concreto a los Sistemas de Gestión (ya sea Calidad, Prevención, Medio Ambiente u otros). La situación es la misma. ¿Cómo definir qué es lo que hay que hacer para mejorar esa gestión? ¿Cómo saber si la gestión que realizamos va por el buen camino? ¿Cómo identificar aquello en lo que tenemos que mejorar? ¿Cómo determinar la eficacia de nuestro sistema? ¿Cómo ser eficientes en nuestra gestión?….

¿Cómo obtener los máximos beneficios de la gestión que realizamos?

Mejora Ambiental

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¡No des la espalda a tu Evaluación de Aspectos Ambientales!

A ver si te suena esto…

Una empresa que ha dado el paso de incorporar la gestión ambiental en su actividad. Se propuso implantar un SGA y lo consiguió. Ha definido su política, ha elaborado procedimientos, ha comunicado debidamente el sistema, sus aspectos ambientales están identificados, el personal formado, … y ahora toca empezar a funcionar con él.

Primer paso: conocer el peso que tienen tus aspectos ambientales para saber en dónde debe priorizar sus actuaciones. Para ello va a evaluarlos con una estupenda sistemática que ha desarrollado… Procede y… ,oh, no!… ¡le salen un montón de aspectos significativos!… ¡Esto no puede ser!… ¡Hay que cambiar estos resultados!… La empresa tiene que parecer excelente. Que salgan más de 3 o 4 aspectos significativos, no es posible…

… ¿Y entonces? ¿qué hacemos?… Ya está!… ¡Hay cambiar los criterios de evaluación! Hay que definir nuevos criterios, variar los rangos de puntuación,… lo que sea, con tal de que parezca que somos lo mejor, de lo mejor, en gestión ambiental.

¿Te suena? ¿Lo has vivido directa o indirectamente?… ¿Has optado alguna vez por dar rápidamente marcha atrás y modificar todo un procedimiento con tal de que apenas salgan un par de aspectos ambientales relevantes? ¿Has tirado abajo tu sistemática por “salir guapo” en la foto de auditoría?

Situaciones como estas, doy fe de que, “habelas, hainas” (como dicen en mi tierra), y déjame que te diga que ¡es un error garrafal!

Preocuparnos más por el hecho de que nuestros registros ofrezcan una “buena imagen” de nuestra gestión, que por sacar partido de toda la información que nos reportan esos mismos registros, es privar a la empresa de los beneficios más importantes de la gestión ambiental.

¿Dejas en manos del azar tu selección de aspectos significativos?

evaluación de aspectos ambientales

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SOBRE LA INJUSTA “MALA FAMA” DE LOS SISTEMAS DE GESTIÓN

ISO 9001, ISO 14001, OHSAS, EMAS, ISO 5001, ISO 22000, ISO/TS 16949, …  y otros muchos referenciales para la implantación de Sistemas de Gestión, están concebidos como herramientas para las empresas, que ayudan a mantener y mejorar los niveles de eficiencia en las distintas áreas a las que se refieren (Calidad, Medio Ambiente, PRL, Energía, Seguridad Alimentaria, …). Nos ofrecen, todas ellas, la posibilidad de trabajar mejor, ni más, ni menos.

La metodología, la sistemática, el orden, la trazabilidad, la medición, el seguimiento, … son elementos que constituyen la base de estas normas y que contribuyen claramente, y de forma decisiva, a incrementar la eficiencia y eficacia de nuestros procesos productivos.

Todas aportan útiles para reducir costes, innovar, fiabilizar nuestros productos, controlar los riesgos, mejorar el ambiente de trabajo y optimizar nuestros recursos. Todas producen ahorros y facilitan el trabajo, y sin embargo, a pesar de que nos ayudan a ser mejores, la mayor parte de las organizaciones siguen viéndolas aún, como un “marrón” que es necesario soportar para continuar en el mercado, una carga inherente al desarrollo de una actividad empresarial en la sociedad actual o, como todo lo contrario al objetivo principal de éstas, como puro papeleo que complica el trabajo en la empresa y compromete su productividad.

Llama la atención una divergencia tan pronunciada entre la concepción y la percepción. ¿Por qué un elemento creado para ayudar y mejorar acaba siendo visto como una barrera en nuestra actividad?. ¿Son los sistemas de gestión una mera cuestión de papeleo o somos nosotros mismos los que limitamos su utilidad?.

Me declaro fan incondicional de los Sistemas de Gestión, adepta de la mejora contínua, y siendo tan clara para mí la gran utilidad de estos elementos en las organizaciones, me pregunto a menudo el porqué de esta controversia, qué es lo que lleva a que se infravaloren estas, en mi opinión, preciadas y valiosas herramientas y por qué razón, siendo sus cualidades tan patentes para mí, no parece ser siempre así en el entorno empresarial.

¿Falla la herramienta, o hacemos un mal uso de ella?

mal_uso_herramienta

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