OBSOLESCENCIA PROGRAMADA: ¿Es lícito diseñar para contaminar?

Seguro que en alguna ocasión has pronunciado aquello de “las cosas ya no duran como antes”, o puede que, por la avería de una pequeña pieza en algún aparato, te hayas visto obligado a deshacerte de él sustituyéndolo por uno nuevo, porque tal y como te dijo el técnico “sale más rentable comprar uno nuevo que arreglar este” (¿rentable?… ¿para quién?…). Puede incluso que ni siquiera tuvieras posibilidad de elegir entre arreglarlo o adquirirlo nuevo, porque el propio fabricante ya no daba la opción de conseguir piezas de recambio y puede que, al igual que la gran mayoría, hayas llegado a asumir que estas situaciones son normales, propias del mercado,… ¿será que no sabemos fabricar cosas que duren?

A mí, estas situaciones, me producen verdadera frustración. Verme obligada a tener que desechar como residuo algo que está en buenas condiciones de uso y bien cuidado, consciente de que es una situación provocada por una parte del mercado que se empeña en imponerme el SUPRACONSUMISMO y sabiendo que nuestros sistemas productivos podrían fabricar productos mucho más duraderos pero que no se hace porque no interesa.

Detrás de todo esto está ese “oscuro” concepto de la Obsolescencia programada, del que todos somos víctimas, y que se ha convertido en el motor de nuestra sociedad de consumo.

Pero no creas que esta práctica es algo nuevo. La obsolescencia programada ya viene de muy lejos, por lo menos de hace casi un siglo (ahí es nada!), y lo que ha ocurrido es que cada vez se ha ido aplicando a más y más productos. Te sorprenderá saber ¡la gran diversidad de productos que la llevan impresa en su diseño!.

¿Comprar con garantía de autodestrucción?

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LO QUE ME MOLESTA DE LA ECONOMÍA CIRCULAR

En la televisión, en la prensa, en la redes sociales, cualquiera de los medios de información que suelo consultar, últimamente parecen invadidos de un nuevo concepto al que llaman ECONOMÍA CIRCULAR.

Se muestra como nuevo “invento” al que proclaman como la solución a muchos de los problemas ambientales del planeta. La gran solución que restaurará el equilibrio perdido entre hombre y naturaleza.

La economía circular, se ha convertido en la palabra de moda, definida como el “último grito” en estrategias económicas y de gestión, en contraposición al modelo de economía lineal, predominante hasta ahora.

Su objetivo es “que el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, y que se reduzca al mínimo la generación de residuos”, según la propia Fundación para la Economía Circular. Se basa, principalmente, en el principio de ‘cerrar el ciclo de vida’ de los productos, es decir, convertir los hasta ahora considerados residuos, en nuevas materias primas.

Así, con este nuevo modelo de economía, los productos deben ser ya diseñados para poder ser reutilizados y reciclados al final de su vida útil. La aplicación del, más que conocido, Ecodiseño, juega un papel fundamental dentro de la economía circular, pues los productos ya deben estar concebidos desde su origen como elementos en los que, desde la primera pieza hasta la última, pueden reutilizarse o reciclarse una vez terminada su vida útil.

Pues parece cierto que, esto de la economía circular, es una buena herramienta de cara a reducir el fuerte impacto que nuestro modelo de desarrollo actual está causando en el planeta. Dar el paso hacia un nuevo modelo económico que utilice y optimice los materiales y residuos, dándoles una segunda vida, sin duda, es un buen paso. Pero, siendo sincera, hay algún aspecto de este nuevo concepto que no me acaba de convencer.

Economía circular: ¿Economía y Medio Ambiente caminando juntos?

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DIME QUÉ TIRASTE Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Los residuos vuelven a la palestra. Tras su salida a escena, allá por los años 90, cuando empezamos a darnos cuenta de que nos quedábamos sin “alfombras” para esconderlos, ahora vuelven a primera línea bajo el término “Economía circular”.

Desde aquel entonces, cambiaron muchas cosas en este sector, nos hicimos conscientes de que los vertederos no eran una buena forma de liberarnos de los residuos, porque aunque los escondamos no desaparecen, nos familiarizamos con las recogidas selectivas, aprendimos la regla de las 3 R, nos hicimos conscientes de que eran un problema, vivimos unas cuantas muy malas experiencias (como el caso del vertedero de Bens en A Coruña), elaboramos mucha, mucha nueva legislación, decoramos nuestras calles con contenedores de colores, y hablamos largo y tendido de lo importante que era Prevenir su generación… sin embargo, año tras año, hemos seguido “increscendo” la producción en nuestra eficiente factoría de basura y parece, que lo único que ha conseguido echar un poco el freno a nuestra desenfrenada producción, como en todos los sectores, ha sido la crisis económica.

Y es que los residuos son consecuencia directa de nuestro modo de vida. Somos nosotros los que los generamos todos los días de nuestra existencia, desde el mismo momento en que aterrizamos aquí. Nos acompañan allá a donde vayamos, son un fiel reflejo de nosotros mismos, “diseñados” y generados  a nuestra imagen y semejanza.

¿Son los residuos, entonces, el reflejo de nuestra “esencia”?

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